Spinozismo Climático: Ética y la Utopía Política

Translated from the original English by Lobo327 and published here with permission. A multilingual translation of the Ethics can be found here, though the translations of each passage quoted are his own, having come from the Cambridge English translation of the Ethics in the original version of this essay.


Muchas de las narrativas humanas van más o menos así: al comienzo estaba la nada, el vacío, espacio indiferenciado. Posiblemente esto fuera literalmente un vacío ontológico, quizá un vacío subjetivo sin seres conscientes, tal vez un vacío social donde los seres humanos existen, pero aún no son “civilizados”. Luego, desde el vacío, viene la maravillosa organización social, el punto más álgido del Dasein, y luego: desastre. El capitalismo llega a la escena, quizá los colonizadores, el Otro, o la contaminación industrial. No es una gran sorpresa que los cuentacuentos políticos acaben repitiendo la historia de la caída: es un gran mito. Y toda religión necesita mitos.

Para los fascistas de Occidente, la Sociedad Occidental se desgarra fuera del abismo por medio de la lucha y la matanza. A diferencia de los salvajes de afuera, el Hombre Occidental busca la grandeza y no se detendrá hasta que la obtenga. En algún punto, durante el pico de algún imperio o reino u otro, la grandeza fue alcanzada (o al menos estuvo al alcance), antes de que algo terrible sucediera. Ya sea porque sus líderes la vendieron o fueron infiltrados por aliens o fueron aplastados por bárbaros o debilitados por demócratas, la grandeza fue perdida. La caída. La modernidad nos arrastra cada vez más lejos de este pasado ideal. La única manera de hacer que las cosas estén bien es volver atrás, expulsar los elementos foráneos, retroceder los relojes, restaurar la tradición a su lugar por derecho, vivir como lo hicieron los ancestros. Mos maiorum

Para el liberal, la democracia es un ideal hermoso hacia el que la humanidad se ha estado moviendo desde que empezó a buscar soluciones de la guerra todos contra todos. A pesar de que tenía errores, siempre nos volvíamos mejores para eliminarlos. La afamada paz de 70 años en Europa o las nobles historias de la fundación de la República Americana, el doloroso esparcimiento de la democracia a las naciones africanas, todo esto representa un proceso racionalizante de necesidad teleológica para el liberal. O al menos lo hacía. De la nada, elementos reaccionarios surgieron, financiados por oscuros grupos secretos o dispuestos a ser por retrógradas, idiotas que respiran por la boca con una fijación por el pasado. La amenaza a todo este progreso se manifiesta en la forma de Trump y Boris y Bolsonaro y todos los demás estafadores de derecha. Y en el momento en el que la necesidad de la racional administración liberal no podía ser más grande, mientras que el cambio climático y la disparidad económica amenazan el gallinero. Aunque estemos viviendo en una caída, las cosas pueden corregirse, aún no se han desviado demasiado del curso. Tenemos que volver a los años buenos, cuando la gente sensata estaba a cargo, cuando las cosas estaban mejorando todo el tiempo.

Para los ambientalistas y ecosocialistas, el progreso tecnológico no es algo terrible en sí mismo, sin embargo, está mal administrado. El acrecentamiento de la producción de alimentos, la llegada de la medicina moderna, la superación de la trampa Malthusiana: son todas cosas buenas, y el crecimiento exponencial de la población en los últimos 150 años no tiene carga moral, si no es un bien innegable. Pero ya sea por los escándalos del desencadenado libre mercado, la incesante codicia de la clase dominante, o la perversidad del ánimo de lucro, las cosas se han ido fuera de control. La destrucción ecológica masiva está sucediendo frente a nuestros ojos. Estamos alcanzando un punto de inflexión (pero nunca superándolo). Tal vez podríamos aprender algo de la noble mayordomía de los indígenas, o de los científicos, o de Bookchin. Podríamos evitar el curso del desastre, expropiar a los expropiadores, vivir en armonía y equilibrio con la naturaleza con una economía post-escasez totalmente automatizada. No tenemos que retroceder, tenemos que avanzar cautelosamente.

Si eres un liberal, un ecosocialista o un fascista, probablemente no te gustará que caricaturicen tus creencias de esa forma, es una pena.


“No hay nada que suceda en la naturaleza que pueda ser considerado culpa de ella. La naturaleza siempre es la misma, donde sea que esté está la misma virtud en ella. Un único poder de acción.”

(Libro 3, Prefacio)

En la ontología de Spinoza, todos somos marionetas, siendo Dios el eterno titiritero. O más apropiadamente, somos todos operandos. Dios es un algoritmo, un conjunto maquinario, intencionalidad pura, sin una intención, “La inmanente y no transitiva causa de todas las cosas” (Libro 1, Proposición 18). La Ética es un plano o esquema para la construcción de la realidad: “Dios, o una sustancia que consiste en atributos infinitos cada uno expresando una esencia eterna e infinita, necesariamente existe”. (Libro 1, Proposición 11) “Cualquier cosa que es, es en Dios, y nada puede ser o concebido sin Dios” (Libro 1, Proposición 15). “Dios no opera desde el libre albedrío” (Libro 1, Proposición 32, Corolario 1). Esto último es la clase de cosa que te haría acabar excomulgado: Dios, es decir, la realidad, es perfecto. Las ciencias, al estudiar las leyes de la naturaleza, están enfrascadas en una interminable labor de indexar a Dios. Todo ocurre de acuerdo a la perfección de Dios, su esencia y sus leyes. Para que un evento haya ocurrido de forma distinta, la naturaleza hubiera sido diferente. Pero esto significa que la realidad podría ser diferente a como es, lo cual hubiera significado que no hubiera sido perfecta antes del cambio o que lo sea después del cambio, lo cual es, por supuesto, absurdo, dado que la realidad es perfecta por definición. La realidad es como es y actúa de acuerdo a su propia naturaleza.

Esta especie de metafísica de relojería tiene inconvenientes. La mecánica cuántica nos dice que la realidad parece ser más extraña de lo que la mecánica determinística dice ser: aleatoriedad e incertidumbre pueden ser propiedades fundamentales del universo. Sin embargo, una inyección moderna de la microscópica causa sui en Spinoza no es letal ni venenosa del todo. Que tengamos “cognición confusa y mutilada” (Libro 2, Proposición 29, Corolario) de las cosas no es nada nuevo para Spinoza, y si nos presionamos a aceptar una interpretación de la mecánica cuántica que dice que la realidad es verdaderamente aleatoria en el fondo, deberíamos imaginarnos a Spinoza sonriendo y preguntando: “¿Y de dónde viene esa aleatoriedad?” No es una pregunta para forzar una visión particularizada de Dios, sino que acierta la realidad de eso que es, y afirma su necesidad como ser lo que es. Las vidas que vivimos día a día son predecibles, estratificadas, sobredeterminadas por nuestros entornos, nuestra química cerebral, la activación y desactivación de nuestros genes, todos ellos productos, todos efectos del juego de fuerzas. El determinismo es suficiente para ser tenido en cuenta para la interacción social humana mundial, y es un error decir que porque algunas de las causas en juego fueron tan aleatorias que cualquier libertad ha sido ganada en el mundo.

Pongamos a un lado el pequeño fenómeno probabilístico y hablemos sobre tí. Vamos a jugar un juego, y la idea es probar que no puedes pensar lo que no puedes pensar. Quiero que imagines una ciudad en cualquier parte del mundo, yo también imaginaré una. ¿La tienes? Imaginé la ciudad de Luderelin, en Borgony. No has escuchado de ella, porque no existe, y yo la creé. Si jugaste conmigo, yendo entonces a donde te dije, al ser ordenado a actuar en una forma definida, en principio fuiste excluido de pensar de la misma ciudad que yo. Un proceso inconsciente en tu cerebro seleccionó una ciudad por tí, o tal vez puso algunas ciudades diferentes disponibles en tu conciencia de forma que puedas tener la sensación subjetiva de escoger, pero dadas las restricciones, no pensaste en una ciudad falsa. Pero si lo hiciste, y si incluso pensaste en Luderelin, en Borgony, es obvio que no escogiste la misma ciudad que yo en un acto intencional, sino de una suposición absolutamente improbable generada por procesos internos de tu cerebro. La noción de que pudiste obtener libremente la misma respuesta que yo es absurda. Así como la noción de que de repente puedas empezar a hablar el lenguaje monóico del no traducido Lineal A corpus, o teletransportarte al otro extremo de la galaxia. Las restricciones que evitan que hagas estos actos fantásticos son exactamente las mismas que evitan que actúes de una forma distinta a la que actúas. Cualquier cosa que hagas está hecha por un cuerpo físicamente existente, uno que está restringido por la transformación de energía, por causas antecedentes, por las condiciones materiales existentes que actúan como lo hacen. Tú o cualquier otra persona no son más que marionetas.


“Los seres humanos se equivocan al pensar que son libres. Esta creencia consiste de ellos siendo conscientes de sus acciones, pero ignorantes de las causas por las cuales están determinadas.”

(Libro 2, Proposición 35, Scholium)

El utopismo político, o, mejor dicho, política, se basa en la creencia de que podemos hacer elecciones significativas en el mundo en dos sentidos, ambos erróneos. (1) Los humanos son libres de decidir sus acciones. (2) Los humanos pueden estar seguros de las cosas con un cierto grado arbitrario de precisión, haciendo posibles las acciones racionales y dirigidas. La Proposición 1 es la base de todo utopismo. Es la idea de que podemos evitar el curso en el que vamos en un momento dado y cambiar su rumbo, contra la idea de que el camino, la aversión y todo lo demás son el resultado de un proceso impersonal que puede ser teóricamente descrito, pero nunca entendido de manera práctica. La Proposición 2 es el objetivo o la idea de todo utopismo: mientras que quizás éramos más idiotas o ignorantes en el pasado, ahora somos capaces (o pronto lo seremos) de tomar el destino con nuestras propias manos. Los fascistas nos dicen que podemos intencionalmente retornar al pasado. Los liberales nos dicen que podemos salvar la democracia liberal del colapso. Los eco-socialistas nos dicen que podemos proteger y restaurar la naturaleza sin perder todo este progreso.  El progreso es uno de los temas religiosos fundamentales de la utopía política. Incluso el fascista, quien se presenta a sí mismo como un cínico alegre y oponente del progreso, quien lo repudia como un debilitamiento de la sociedad, realmente también cree en él. Que niegue la idea liberal del progreso no implica consecuentemente el hecho de que, no obstante, las cosas puedan mejorar tanto para él como para sus similares. 

El progreso es un mito. La invención del automóvil fue la invención del accidente automovilístico. La invención de la industria fue la invención del rápido colapso ecológico. No hay evidencias que sugieran que los seres humanos han sido alguna vez capaces o lo serán alguna vez de determinar racionalmente su futuro. La escarpada complejidad computacional requerida para enviar gente a la luna una vez ha sido tan grandiosa que tendríamos que empezar desde desde cero para hacerlo todo de vuelta. Desde el punto de vista de la posibilidad, enviar humanos a la luna es una problemática elemental de cinemática comparada a la tarea de predecir certeramente las condiciones meteorológicas de una semana en el futuro. La creencia requerida para pensar que una política social puede ser desarrollada de manera tal que integre totalmente a billones de simios irracionales en una eterna felicidad (o incluso en un orden social estable) de manera indefinida, es astronómicamente religiosa, y sin embargo, está bastante extendida, debido al inmortal mito del progreso, la noción de que nuestra subjetiva opinión puede significativamente, en la actualidad, mapear la realidad. Incluso antes de que un humano cogiera un pedazo de pedernal e iniciará el fuego la bola ya estaba rodando; hay progreso, hay cambio, pero no progreso. Para que el progreso exista, tendría que haber un estándar de valoración por el cual pudiéramos devaluar la naturaleza, la realidad, a Dios en su perfección, ¿Y hay acaso algo más ridículo o arrogante que ello? Solo tenemos que ver los orígenes de los valores morales religiosos para ver esto: «Después de que cada ser humano se haya convencido a sí mismo de que todo lo que sucede, sucede para su propio motivo, se vieron obligados a creer en que lo más importante de todo era que lo que les era más útil para sí mismos y darle mayor valor a las cosas que le afectasen más favorablemente. Se vieron obligados a sí mismo a formar las nociones del bien, mal, orden, confusión, calor, frío, belleza y repugnancia. Aquellos que no entienden la naturaleza de las cosas y solo pueden imaginarlas no tienen nada que decir sobre las cosas y tomar la imaginación por intelecto; esa es la razón de por qué creen firmemente que hay un orden en las cosas, aunque tan siquiera saben sobre sí mismos o sobre su propia naturaleza.» (Libro 1, Apéndice) Pero no es solo que el progreso no existe en la realidad, no es que siempre hay sólo consecuencias involuntarias e inoportunas por nuestras acciones, pero el simple hecho del problema es este: en nuestra lucha por el progreso, en nuestro deseo de actualizar nuestras falsas nociones de la bondad y la justicia, hemos llevado la vida en la Tierra al extremo, por el motivo de un miserable simple paso hacia adelante.

Por supuesto, nada de esto tiene por propósito condenar. No es como si hubiéramos podido hacer otra cosa. “Las decisiones no son más que los apetitos mismos, los cuales varían a disposición de las variaciones del cuerpo. Porque cada persona gobierna todo por sus emociones; y aquellos que son asaltados por emociones contrarios no saben lo que quieran. Aquellos que no son movidos por la emoción son conducidos de esta manera y por ello por la menor de las influencias.” Vemos, en Spinoza, que es simplemente un capricho del lenguaje lo que nos lleva a decir nosotros, que nos lleva a decir yo. No hay ningún “nosotros”, no hay personas a cargo, y en realidad no hay personas, solo modos de Dios, solo marionetas, actuando la perfección de Dios, que a nosotros se nos aparece misteriosa y extraña y una pesadilla eternamente horrífica.


Desde el momento en el que los seres humanos entran en escena, se vuelven responsables de la destrucción ecológica como todos los demás. la idea de la sostenibilidad, el equilibrio, la estabilidad, son otro mito religioso. “La naturaleza en su totalidad, es una cosa individual, cuyas partes, es decir, todos los cuerpos, varían de infinitas maneras.” (Libro 2, Lemma 7, Scholium). Esta variación en partes no cambia la totalidad de la naturaleza en conjunto, ya que la energía se conserva. El Darwinismo polimeriza la escasez de Malthus y el tiempo profundo de Lyell para descubrir las fuerzas de la selección natural: reproducción diferencial, herencia y variación. Simplemente no hay duda sobre la “co-operación” en la naturaleza. Los gaianos dicen que la biosfera ha tendido naturalmente a hacer más habitable el planeta para todos, pero esto no concuerda con la verdadera historia de la vida en la tierra, como Peter Ward describe en su libro, La hipótesis de Medea. El desastre de metano, hace 3.7 billones de años. Los arrecifes microbianos productores de metano llamados estromatolitos se extendieron por toda la tierra- se formaron nubes de metano y devolvieron la luz del sol al espacio, enfriando el planeta hasta el punto en que toda vida en la tierra fuera borrada casi por completo. 1.2 billones de años después, los microbios fotosintéticos causaron la acumulación de oxígeno en la atmósfera, exterminando toda la vida excepto aquella capaz de tolerar el oxígeno. 200 millones de años después, las cianobacterias aeróbicas sobrevivientes lograron eliminar suficiente CO2 y metano de la atmósfera como para convertir la tierra en una bola de nieve, congelando los océanos y casi terminando con la vida en la tierra. No existe ningún Gaia, no hay armonía en la naturaleza, solo despiadadas interacciones darwinistas y circuitos no lineales de retroalimentación impulsados por procesos que apenas comprendemos y que ciertamente no podemos controlar. La utopía política de la persuasión ecológica insiste en que aún hay tiempo suficiente para “salvar el planeta” y “detener el cambio climático”, pero una mirada superficial a los datos señala que ya dejamos atrás el punto de no retorno en 1988, cuando la concentración de carbono atmosférico excedió las 350 partes por millón, bloqueando la reversibilidad del cambio climático. Cuando alguien propone “detener” el proceso, sólo revelan su desapego religioso de la realidad, su renuencia a comprometerse con los hechos. No existe tecnología capaz de eliminar los plásticos en el fondo del mar, o el efecto invernadero del ambiente; el utopismo progresivo y reaccionario fue humillado por los físicos atmosféricos y las ciencias ambientales hace décadas, ya sea que lo admitan o no. Ya no se trata de una cuestión de acción, nunca lo fue, nada podría haber sido diferente. La vida es medean, es decir, darwinista, spinozista, en toda su perfección. 


Digo que la emoción o pasión del alma es una idea confundida.”

(Libro 5, Definición General de las Emociones)

“Una emoción que es una pasión deja de ser una pasión apenas formamos una clara y distinta idea de ella.”

(Libro 5, Proposición 3)

“No hay aflicción del cuerpo de la cual no podamos formar un concepto claro y distinto.”

(Libro 5, Proposición 4)

Ética, como la joya de coronación de la metafísica racionalista, busca la salvación en la razón. Las pasiones son ideas confusas que nos obligan a actuar a partir de algo que no sea la razón. Cuando miramos hacia el mundo y vemos mal en él, miseria en él, avaricia y explotación en él, estamos confundidos sobre la naturaleza de la perfección de Dios, y esto nos debilita de tal manera que actuamos de manera irracional: la interminable búsqueda de progreso o salvación.

Es bastante común escuchar “Bueno, ¿entonces qué es lo que debemos hacer?” como respuesta a una visión así. Spinoza nos dice que no debemos hacer nada. O por lo menos, no debemos actuar para cambiar las cosas ni buscar soluciones o respuestas, no si lo hacemos desde el resentimiento o el rechazo de lo que es. Los seres humanos decidieron querer estar fuera del regazo de los Dioses, y se lanzaron al abismo. Siendo que todos los seres vivos están conectados a todo lo demás, parece que arrastramos al resto de la vida con nosotros. Ciertamente, esto no es algo que todos podamos decir que es malvado, pero si deseamos vivir bien, razonablemente y tan alejados del dolor como podamos, la estrategia de rechazar en vez de aceptar, la interminable enfermedad de la mente que escapa, ha demostrado estar equivocada. Por supuesto, una persona utópica nos pedirá que lo intentemos una vez más. La incansable lucha por el reconocimiento está encadenada en la dialéctica humanista, y nunca termina hasta que termina, pero el modernismo del siglo XIX no es un sistema más completo que la metafísica de Spinoza. La ciencia nos exige hacer ciertas correcciones. No es posible que el Dios de Spinoza pueda conocer todos los cambios que experimenta un cuerpo: El principio de Incertidumbre de Heisenberg impide esto. De la misma manera, no es posible que los seres humanos se conviertan en dueños de su propio destino. Para que esto suceda, el resto de la realidad tendría que ser un estado inerte de las cosas pasivas con las que podríamos interactuar como quisiéramos sin recibir respuesta. Sabemos que esto no sucede así, sin importar si el universo funciona como la maquinaria de un reloj o aleatoriamente. No somos más importantes ni tenemos más facultades que cualquier otra cosa.

Entonces Spinoza nos invita a estar en paz con lo que es, a dejar el esfuerzo y miseria de las pasiones. No necesariamente tenemos que darle la espalda al mundo, pero se nos aconseja reconocer nuestra limitada e insignificante naturaleza, nuestra contingencia en Dios, en la realidad. Uno podría visitar lo que queda del mundo y apreciarlo por lo que es en sí mismo, la austera y extraña belleza de él, o uno puede rabiar contra el destino, lleno de odio y culpa, ¿para qué? ¿De verdad crees que va a cambiar algo? ¿Que la revolución o el retorno a la tradición o que el revivir del ideal liberal va a venir? Un destino aplastante ha caído sobre tu cabeza. ¿Acaso no es suficiente para ver las cosas claras?

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s